El tirano
Golpea la mesa ofuscado. De inmediato entran los guardias y se llevan al bufón. El número 24 desde que el tirano llegó al poder. Verá, ser bufón no paga en este reino. Un chiste de más, una mueca mal articulada y ¡Zas! se acabó la función para siempre. Altura imponente, mirada férrea y mandíbula de acero. Hay ciertos hombres que parecen haber nacido con la carencia de vacilar. La mayoría de los mortales sentimos una rigidez en el estómago ante algún conflicto o situación desagradable. Él no. Su estómago parece una fortaleza amurallada, impenetrable, inclusive hasta para cualquier atisbo de conciencia remanente de su alma. Ya en sus aposentos, el tirano se despoja de esa imagen férrea para caerse casi desplomado en un lecho que por la caída simula ser un lecho de muerte. El tirano muere todos los días. Detrás de cada golpe, cada grito y cada orden dura, una pizca de humanidad desaparece lentamente. Como los granos de un reloj de arena, que se escurren hacia la parte inferior, lentam...