Trotamundos: Río de Janeiro - Día 3

Luego del día anterior plagado de hermosas postales y contacto con la naturaleza tocaba conocer uno de los mayores emblemas de Río: El Cristo Redentor. Nos levantamos y luego del desayuno decidimos volver a utilizar el metro para alcanzar la estación del tren del Corcovado, base para llegar al critsto.
Si bien el metro nos acercaba bastante a la estación, debimos  tomamos un colectivo desde Largo do Machados que nos acercó en tan solo 10 minutos al mismisimo pie del Cristo.
El tren del Corcovado fue uno de los primeros atractivos turísticos de la ciudad, luego de su construcción en el año 1884 por el emperador Pedro II. Al principio los trenes eran alimentados a carbón pero luego los viejos coches fueron reemplazados por vagones eléctricos, lo cual es más efectivo para preservar la flora y la fauna del Parque Nacional de Tijuca, lugar donde se encuentra ubicado el Corcovado.
Como las entradas las había sacado previamente por internet, sólo tuvimos que retirarlas por las boleterías y subirnos a la aventura.
El trayecto del tren esta trazado entre la selva y la mayoría de este se hace con el vagón inclinado hacia arriba. El mismo demoró unos 30 minutos hasta llegar a la cima.
Al llegar al Cristo se suben unas escaleras más para llegar a sus pies. La plataforma se encontraba repleta de turistas tomándose fotos apoyados por unas reposeras que daban una perspectiva supina para tener el Cristo a tus espaldas. A pesar de ser temporada baja, se hacia imposible poder circular por el lugar. Luego de recorrer un tiempo y de apreciar la vista debo decir que, a pesar de la gran altura en donde fue construido y la postal de toda la ciudad, esperaba que la estatua fuera más alta e imponente. No quiero ser presumido, la construcción data del año 1931 y se encuentra a 710 metros al nivel del mar pero uno a veces imagina cosas que la propia realidad desmiente. Luego de 1 hora bajamos nuevamente en tren y nos dirigimos en colectivo hacia Leblon.
Leblon es el barrio más caro de Rio de Janeiro y toma su nombre por un terreno de la zona perteneciente a Charles Le Blond, un francés dueño de una empresa pesquera allá por el año de 1836.
Las cariocas tradicionales demusculosa y traje de baño de Copacabana fueron cambiadas por mujeres con vestidos de seda y anteojos de marcas caras y famosas. La zona también estaba llena de restaurantes y tiendas de ropa exclusiva. Río parece tener muchas caras. El lujo de la ciudad se encuentra en este barrio.
Teníamos hambre y pensamos que era una buena idea dirigirse al Shopping para almorzar en el patio de comidas. Las vidrieras mostraban precios muy elevados en comparación a los otros shoppings de la ciudad. Almorzamos y luego retornamos al departamento caminando por Ipanema, contiguo a Leblon, y haciendo una parada en la Praia do Arpoador, lindante entre Ipanema y Copacabana.
Justo en ese punto, cercano al fuerte de Copacabana se encuentra la Pedra do Arpoador, una elevación de tierra donde se goza de una vista panorámica de ambas playas. Nos detuvimos unos momentos para absorber la atmósfera lo mejor posible. Sus playas, su gente y su clima hacen de Río una ciudad con personalidad propia. Pobreza y lujo, ostentación y sencillez entremezclados a unas cuadras de distancia.
Volvimos al hotel y nos cambiamos para ir a cenar. El destino elegido era Ipanema. Como nos encontrábamos próximos a la Fiesta de Pascuas, en las estaciones de metro de brasil con nombres católicos el boleto era completamente gratis.
Afortunadamente nos dirigíamos a la estación de metro Nossa Senhora da Paz por lo que el viaje de ida fue pagado gracias a esta propuesta de la ciudad.
Ipanema de noche se mostraba muy pintoresco debido a su gran cantidad de restaurantes y bares. Nos detuvimos a cenar en una tratoria italiana y a pesar del refinamiento del lugar (mozos que hablaban tres idiomas por ejemplo) el costo de la cena fue similar a lo que se puede pagar en algunos lugares de Buenos Aires.
Volvimos al departamento en Uber. El servicio funcionaba de maravilla y hasta activaba algunas funciones desconocidas en Argentina como el pago con Tarjeta de Crédito.
Ya acostados comenzabamos a prepararnos para nuestra último día. Sonaban tambores de despedida.

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