Trotamundos: Bariloche & Angostura

La edición de este Trotamundos no buscará indagar en los puntos de interés sino prestar mayormente atención en los "puntos de no interés", aquellos lugares y detalles que se escapan al ojo del turista tradicional y que por alguna razón que todavía ignoro, me siguen viniendo en forma de reflexiones e ideas, algunas tal vez equivocadas y otras que pertenecen al fuero interno de cada reflexionador.

Tan gigante y extensa es la Patagonia que reducimos su inmensidad con la palabra "Sur" para referirnos a Ushuaia, Bariloche, Madryn, Neuquén o Calafate con extensos territorios y características entre sí.
Hace mucho que no volvía a Bariloche.Tenía muchas expectativas de todo lo que había para hacer. Primero porque fui a mis 17 años y en mi viaje de egresados (me atrevo a decir que en esa ocasión no la visité jaja) y segundo porque la mayoría de las personas que conozco quedan encantadas con lo que la zona tiene para ofrecer.  

Estatua de Julio A. Roca en el Centro Cívico
Ya con pies en el aeropuerto me di cuenta que me encontraba en un lugar con su propia impronta. En el Centro Cívico, punto histórico de la ciudad, el ambiente dibuja una atmósfera de cierta tensión. Si bien es un lugar turístico asociado a los viajes de egresados y a las compras de chocolates, la estatua vandalizada de Julio Argentino Roca me dan la pauta de que su"origen" como territorio nacional es bastante distinta a lo que uno recuerda cuando evoca la conformación de "la Nación". A diferencia del territorio de Buenos Aires, la Conquista (con todo lo que el eufemismo implica) no fue por la mano de soldados españoles en el siglo XV, sino 300 años después por sus descendientes criollos. Y ya no en nombre de la corona, sino por razones que hoy son de lo más ambiguas: el Progreso y la Civilización. Ya sea por revisionismo histórico tardío y/o por la lucha de varios grupos, "la paz" simbólica dista lejos de sanjarse. 

A diferencia de la capital, la civilización parece perder contra la Naturaleza. El paisaje, aunque modificado, le gana la pulseada a la mano del hombre. Será tal vez por la hermosura de los lagos, vegetación y montañas que las construcciones "Belle Époque" no abundan en el lugar. Las pocas construcciones arquitectónicas de interés  vinieron de la mano de Alejandro Bustillo, uno de los grandes arquitectos del Siglo XX, traido al sur por su hermano Exequiel Bustillo, Presidente de Parques Nacionales de la mano del presidente defacto Agustín P. Justo en la década del 30´. 

Imagen de Playa Bonita
En cuanto a la vida de la ciudad la noté viva y rozagante. Tal vez por el paso del invierno que dio lugar al sol que habilita un estilo de vida de exteriores activo, reservado solamente para épocas más cálidas. Los grupos de jóvenes se ven con ropajes similares a la costa atlántica: remeras, lentes de sol y hasta ojotas. Las playas, aunque de aguas más frías, igual se prestan al reposo que nos invitan la arena y el agua. De estas, tanto en Bariloche como en la Angostura, hay muchas y muy variadas. Aunque poc@s a esta altura del año se le animan a las aguas de deshielo de los distintos lagos.  
  
Además de las grandes construcciones, las aplicaciones para transportarse tampoco conquistaron los caminos del sur. Siguen primando el transporte público y los remises. Recuerdo a uno de los conductores que nos llevó de Playa Bonita hacia el hotel. De actitud severa, de tono amable, pelo largo, tez morena y anteojos. Sòlo se dio vuelta para tomar el dinero. Conocìa los caminos al dedillo. Ya sean subidas o bajadas, el tipo doblaba con vehemencia y seguridad.

Como todo lugar de veraneo, los restaurantes y las cervecerías se destacan por su gran variedad y cantidad. A la Fonda del Tío voy a tener que volver, porque sus largas colas nos ahuyentaron las veces que intentamos entrar. De los chocolates mucho más que lo conocido no tengo para ampliar. Las conocidas Mamushka y Rapa Nui se llevan todas las miradas con sus grandes locales pero la oferta es bastante amplia, al punto de que los turistas también visitan chocolaterías más chicas y con menos renombre. 
Isla Victoria

Como especial punto de interés puedo mencionar a la Isla Victoria, a 2 horas de navegación por el lago Nahuel Huapi, donde me topé con la idea de que "lo natural" a veces no es tan natural. Tuve que esperar a que me cuente la guía que las coníferas, ciervos y jabalíes que uno tanto asocia con la zona, fueron traídas "artificialmente" y aunque Darwin me diga "te lo dije", se imponen ante otras especies autóctonas como cualquier otro conquistador de la antiguedad ante su pueblo dominado. Parte del favor, si aplica la palabra, se lo debemos a Aarón de Anchorena, un excéntrico integrante de la familia Anchorena, quien compró parte del lugar. Tal vez motivado por prácticas comunes de la época trajo varias especies que como dije, hoy "coparon" la zona.   
También parte del encanto del sur es la ruta 40 que une Bariloche a Villa La Angostura. El trayecto se recorre en sólo 1 hora veinte hacia el norte. Ondulaciones, subidas y bajadas y verdes pastos rodeados de cerros y montañas deleitan la mirada de cualquiera. Uno como conductor tiene que evitar tentarse y mantener firme la vista en el camino para evitar cualquier inconveniente. 

La impronta de Angostura es muy distinta a la de Bariloche. Un centro mucho más pequeño, menos tránsito y una concepción más agreste son parte de la atmósfera. Las bondades europeas del estilo "no hacen falta semáforos porque el conductor frena" también se disfrutan en esta ciudad. Se nota la gran afluencia de gente que se espera para la temporada ya que se estaban construyendo un nuevo carril y bajadas.

Lugares de atracción hay muchos y muy variados. Al sur hacia Bariloche tenemos Puerto y Bahia Manzano. En la costa hacia el Nahuel Huapí nos topamos con Bahía Brava y Mansa y el inicio del Bosque de Arrayanes al cual se puede acceder por tierra (en Bariloche la excursión se realiza por agua). Y por último, al norte podemos disfrutar de la ruta 40 en el famoso camino de los Siete Lagos que une a Villa La Angostura con San Martín de los Andes.

Estos 7 lagos, que algunos dicen que son más y otros menos según a quién le pregunte, guardan cada uno su propia impronta y "personalidad". El Lago Espejo y sus aguas cristalinas, el Lago Escondido rodeado de densa vegetación, los Lagos Falkner y Villarino, cerquitas uno del otro e ideales para parar durante todo el día y/o acampar y el Lago Lacar ya en San Martín de los Andes con su inmensa playa céntrica. Tal vez no nombré a todos pero cada uno tiene sus propios miradores y playas. El recorrido puede tardar 2 o 3 horas pero uno puede volver varias veces para profundizar la conexión con el hermoso paisaje que cada uno nos guarda y esconde. ¡La Madre Naturaleza y sus regalos!


Mirador del Lago Escondido
En este tipo de lugares, uno hasta sin quererlo genera compañeros de aventura silenciosos. Aquellos que lo hacen en auto coinciden en los miradores lo cual va despertando la mirada específica de las diferentes personas en las que el tiempo y lugar han juntado sin haberlo planeado. 

Recuerdo a dos jóvenes que decidieron bajar a pesar de la inexistencia de playa, por el bosque del Lago Escondido. Se sumó una pareja que armaron una especie de grupo de exploración. Los perdimos en su caminata pero luego los volvimos a encontrar camino adelante y hasta me ofrecí a tomarles una foto al final, en el cartel de San Martín de los Andes frente al lago Lácar. Mi hijo me señalaba "Pa, ellos son los que estaban con nosotros antes" me dijo al mirarlos. 


Luego de apreciar tamaña belleza y ponerle imagen al camino, dificil será olvidarlo y más dificil será no ponerse existencialista. Uno se ve avasallado positivamente por la naturaleza. Imagino la energía descargada por fenómenos terrestres para levantar una montaña y la unidad de medida se me escapa. Varias veces se piensa en dejar todo y vivir en la zona pero como me ha pasado en los lugares a los que visito, un manto de realismo apaga la idea (al menos por el momento). 

Pasaje de vuelta en mano, ya en el aeropuerto, comienza ese duelo que uno hace al volver. Es una mezcla extraña de alegría y tristeza. Entro a mi casa y las perras animan la llegada. La Patagonia entró en mi sistema y la melancolía no es como la de otros años porque en mi interior existe la certeza de que alguna manera, en poco o en mucho tiempo, he de volver para conocer nuevos misterios que ese terreno mágico encierra. 


FIN 

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